Tus ojos pueden cambiar lo que oyes
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El idioma que hablas es la lógica con la que piensas — Segunda parte
Tus ojos pueden cambiar lo que oyes
Un pequeño experimento sobre cómo trabajan juntos los ojos y los oídos, y por qué ese trabajo en equipo es distinto en cada idioma.
Primero prueba algo. Mira el breve vídeo de abajo. La primera vez, cierra los ojos y solo escucha. La segunda vez, míralo de nuevo con los ojos abiertos.
El audio nunca cambia. Tus oídos no se mueven. Pero el sonido que oyes puede cambiar, porque la segunda vez tus ojos te están ayudando a escuchar.
🔊 Toca el vídeo y activa el sonido: esto solo funciona con audio.
¿Qué acaba de pasar?
Es un famoso truco del cerebro llamado efecto McGurk. Cuando escuchamos a una persona, no usamos solo los oídos. También observamos sus labios, sus dientes, su lengua y su mandíbula. Entonces nuestro cerebro mezcla lo que oímos con lo que vemos y nos da un único sonido.
Casi siempre los ojos y los oídos coinciden, así que nunca lo notamos. Pero cuando no coinciden, cuando los oídos oyen una cosa y los ojos ven otra, ocurre algo sorprendente. Muy a menudo, ganan los ojos.
Un feliz accidente en 1976
Este efecto tiene nombre e incluso lugar de nacimiento. Lo descubrieron por casualidad en 1976 dos científicos, Harry McGurk y John MacDonald, en la Universidad de Surrey, en Inglaterra. Estudiaban cómo aprenden los bebés a entender el habla.
Un día, un técnico unió el sonido «ba» a un vídeo de una boca que decía «ga». Al reproducirlo, los dos científicos oyeron un tercer sonido, «da», que no estaba ni en el audio ni en el vídeo. Sus cerebros habían construido discretamente un sonido totalmente nuevo a partir de los ojos y los oídos juntos. Lo publicaron en la revista científica Nature, en un breve artículo con un título precioso: «Hearing Lips and Seeing Voices» («Oír los labios y ver las voces»). Desde entonces, los científicos lo han citado más de 4800 veces.
Oír no es solo algo que hacen tus oídos. Es una decisión que toma tu cerebro, usando todas las pistas que encuentra.
El primo gracioso: cuando tu cerebro oye lo que espera
Tus ojos no son lo único que puede engañar a tus oídos. Tus expectativas también pueden hacerlo. El humorista británico Peter Kay construyó uno de sus chistes más famosos justo sobre esta idea. Pone un pequeño fragmento de una canción muy conocida y luego le dice al público la letra equivocada, y de repente todos oyen la versión tonta en lugar de la real. Y lo extraño es esto: una vez que la oyes a su manera, ya no puedes volver a oírla de la forma correcta.
Peter Kay, The Tour That Didn’t Tour Tour: su clásico número sobre letras mal entendidas.
El efecto McGurk usa tus ojos; Peter Kay usa tus expectativas. Pero ambos abren la misma puerta en el cerebro: no nos limitamos a recibir el sonido, sino que lo adivinamos, usando todo lo que ya sabemos. Una letra mal oída incluso tiene un nombre especial en inglés: mondegreen.
Por qué esta es la Segunda parte
En la Primera parte dijimos que el idioma que hablas moldea tu manera de pensar. La Segunda parte va un paso más allá, y un paso más extraño: el idioma que hablas puede moldear cómo percibes el mundo, incluso cómo oyes.
Los investigadores probaron el efecto McGurk con personas de muchos países. Descubrieron que la conexión entre ojos y oídos no tiene la misma fuerza en todos.
- Una conexión fuerte: los hablantes de inglés, español, italiano, alemán, neerlandés y turco tienden a sentir esta ilusión con mucha fuerza. Sus ojos tiran con fuerza de sus oídos.
- Una conexión más débil: los hablantes de chino mandarín y de japonés suelen sentirla de forma mucho más débil. Sus oídos se mantienen firmes.
¿Por qué será? Los científicos aún lo estudian, pero hay dos ideas interesantes. Primero, el chino y el japonés transmiten mucho significado mediante el tono y la altura del sonido, información que los oídos deben captar con muchísimo cuidado, así que estos oyentes quizá aprenden a fiarse más de sus oídos. Segundo, los hábitos culturales en torno al contacto visual y a mirar los rostros también pueden influir.
Hay una pista más de que esto se construye y no se nace con ello. En los niños angloparlantes, este trabajo en equipo entre ojos y oídos se fortalece notablemente entre los 6 y los 8 años. En los niños japoneses, se mantiene mucho más plano. Así que buena parte de él la moldean, sin que lo notemos, el idioma y la cultura en los que crecemos.
Qué significa esto si estás aprendiendo inglés
Si tu primera lengua se apoya en los oídos, escuchar inglés puede resultar más difícil de lo que debería. El inglés esconde mucha información en los labios y el rostro. La buena noticia: puedes entrenar tus ojos para que te ayuden.
Cara a cara, cada sonido tiene una forma que puedes ver.
Observa las bocas. Elige vídeo, no solo audio. En nuestras clases, el profesor se coloca a propósito frente a los estudiantes para que puedan ver la forma de cada sonido. Leer los labios no es hacer trampa: es exactamente como ya escuchan quienes dominan el idioma, sin siquiera saberlo.
Palabras que conviene conocer
illusion (ilusión): cuando tu cerebro es engañado para percibir algo que en realidad no está ahí.
perception (percepción): la forma en que tu cerebro entiende lo que le dicen tus sentidos.
to integrate (integrar): mezclar cosas separadas en una sola.
mondegreen: una letra de canción (o frase) que la gente suele oír mal.
tone language (lengua tonal): una lengua (como el chino) en la que el tono cambia el significado de una palabra.
cue (indicio): una pequeña pista o señal que te ayuda a entender algo.
Una última reflexión
Nos gusta creer que oír es sencillo: entra un sonido y sabemos qué es. Pero dos personas pueden sentarse en la misma habitación, escuchar la misma voz y oír con total sinceridad dos palabras distintas, solo porque crecieron hablando idiomas diferentes.
Tu idioma no está solo en tu boca. Está en tus oídos y, como se ve, incluso en tus ojos.
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